Erase una vez... Miguel Hernández, El hombre
“Por las calles voy dejando/Algo que voy recogiendo/Pedazos de vida mía/Venidos desde muy lejos”.
Testimonio de Pablo Neruda:
“Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él. Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea”.
“Me narraba cuan impresionante era poner los oídos sobre el vientre de las cabras dormidas. Así se escuchaba el ruido de la leche que llegaba hasta las ubres, el rumor secreto que nadie ha podido escuchar sino aquel poeta de cabras”. “Su rostro era el rostro de España. Cortado por la luz, arrugado como una sementera, con algo rotundo de pan y de tierra. Sus ojos quemantes, ardiendo dentro de una superficie quemada y endurecida la viento, eran dos rayos de fuerza y de ternura”.
Testimonio de Vicente Aleixandre:
“Era un alma libre que miraba con clara mirada a los hombres”. “Miguel usaba alpargatas, tenía ojos azules, dentadura blanca, blanquísima, era rudo de cuerpo, pero poseía infinita benevolencia”.
Este año 2010 se cumple el centenario de uno de los poetas más importantes de todos los tiempos, Miguel Hernández.
Justamente “consagrado” por la calidad de su poesía, también ha estado envuelto en una leyenda “cierta” menos justificada. Este artículo, basado en testimonios de todo tipo, nos acerca a su vida, deshaciendo algunos mitos hagiográficos sobre su personalidad.
Asegura Muñoz Garrigos, que Miguel se porta “siempre pedigüeño y servil”. “Disfrazado de pastor, consiguió granjearse la protección de Neruda y Aleixandre entre otros”.
Tampoco era la persona ingenua o inocente que ciertas leyendas han pintado.
Un rasgo de su carácter “difícilmente soportable” para sus allegados era el de gastarse con excesiva alegría el dinero que le prestaban esos allegados tras sus apremiantes peticiones.
Miguel fue católico de formación.
Estuvo 8 años escolarizado, entre las escuelas del Ave María y el Colegio de Jesuitas de Santo Domingo.
Don Antonio Roda López (Orihuela 1909-1984), durante 51 años estuvo al frente de su amado Colegio, El Oratorio Festivo de San Miguel, de Orihuela.
Sacerdote y amigo del poeta en la niñez, revela que Miguel era monaguillo de su iglesia, donde ayudaba a misa cada día antes de ir a las clases. En este Colegio, tuve el honor de ejercer mi profesión en el curso 1971-72. A petición de Don Antonio realice el Estandarte para la Banda de Cornetas y Tambores que el mismo regia, así como un cuadro: “Las Tentaciones de San Bartolomé”, para la Capilla de Este Colegio.
Los deseos del poeta son los de desvincularse de la opresión de Orihuela, en el verano de 1935 había roto sus relaciones con Josefina (la que luego sería su esposa), no se escriben desde el 27 de julio hasta febrero de 1936, y se decanta por Cartagena con María Cegarra, Antonio Oliver y Carmen Conde, y en Madrid con Maruja Mallo.
Miguel se incorpora voluntario la Quinto Regimiento de Zapadores, Minadores, 2ª Cía. 3ª Sección, bajo el mando del Partido Comunista, el 23 de setiembre, carnet nº 120395.
En su breve etapa dentro del surrealismo, con aliento torrencial e inspiración telúrica, Miguel mantiene una tórrida relación con la muy liberada pintora Maruja Mallo.
Cuando regresa a Orihuela, formaliza su noviazgo con el amor de su vida, Josefina Manresa Marhuenda, hija de un guardia civil destinado en Orihuela e hijo de la vecina población de Cox. Fue asesinado por un grupo de milicianos.
La descripción física de Josefina la hace el propio Miguel en una de sus cartas: “Sus señas particulares son: pelo largo, hecho un puro anillo y negro, negro como un rincón de noche, su pile pálida y graciosa, su boca demuestra una mujer de mucha voluntad y es fina y bien recortada, su nariz copiada de Venus y sus ojos profundos y pensativos y guapos en medio de dos cejas como dos puñaladas de carbón fino”.
Amores de Miguel:
– Carmen “La Calabacica”, amor adolescente.
– María Zambrano, seis años mayor que él, relación de amor-amistad.
– Josefina Manresa, su mujer.
– María Cegarra Salcedo, amoramistad de tres años.
– Maruja Mallo, ocho años mayor que Miguel. Amor Salvaje, casi brutal, básicamente humano.
La vida solo le dio 31 años al inmenso poeta alicantino.
Teofilo Ureña García |