Festividad del Corpus Christi: Día de la Caridad
Los gozos y las esperanzas, las tristeza y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” En la festividad del Corpus Christi celebramos la generosidad de Cristo que entrega su vida por nosotros y que en la Eucaristía se hace presencia en forma de “memoria”.
¿Por qué celebramos en esta fiesta el “Día de la Caridad”? Porque la Eucaristía es signo de caridad: signo del amor de Dios al hombre y signo de la fraternidad humana. Participar en la Eucaristía supone estar dispuestos a compartir nuestra comida y nuestros bienes con los demás, a ser cercanos y solidarios con los que sufren y pasan necesidad.
Conocemos de cerca los sufrimientos que está ocasionando la crisis económica en nuestro pueblo, hemos podido descubrir los nuevos rostros de la pobreza: junto a madres que se han quedado solas con hijos a su cargo, personas mayores desasistidas, familias inmigrantes en paro, desempleados sin protección social, aparecen familias y personas que antes vivían con cierto desahogo y ahora están saturadas por las deudas … Hemos percibido, también, otro tipo de pobreza, la pobreza de valores y actitudes. El dinero y el beneficio económico se han convertido en el centro de la vida económica y social, en un fin en sí mismo y no en un medio al servicioo de la persona; se ha puesto el “yo”, el individuo, “lo mío”, por encima del “nosotros”, del “bien común”.
Cerraremos en falso la crisis si no somos capaces de situar la dignidad y el bienestar de todos los seres humanos como primer objetivo de la economía.
Hemos de reconocer, también, que la crisis está despertando la sensibilidad de muchas personas, también en nuestro pueblo, que las aportaciones en dinero y en especie están siendo generosas, que muchos voluntarios están dando lo mejor de sí mismos. Si los cristianos somos como el brazo derecho de Cristo y su complemento, no podemos inhibirnos en la lucha contra la pobreza, tenemos que hacer gestos claros a favor de los oprimidos y necesitados. Dios no está bloqueado por ninguna crisis ni se desentiende de nuestros problemas, somos nosotros los que, a veces, nos dormimos.
Una vez más, os pedimos que abráis la mano y el corazón generosamente, para poder aliviar en lo posible los efectos de la crisis y para demostrar que estamos cerca de los que sufren. Ese es el signo más claro de la presencia del espíritu de Jesús en el mundo.
Cáritas Parroquial de Sant Joan d´Alacant |