Por si te fueras...
Existen seres especiales que provocan en otros la necesidad imperiosa de nutrirse. Cierto es que son seres elegidos, singulares, irrepetibles, doctores del alma y labriegos del corazón, dioses altruistas y a la vez sencillos. Cuando alguien posee el tesoro de la existencia de un ser de las características enunciadas y se da y se aprovecha y se nutre y se entrega y se desangra en el compartir, se eleva a una estratosfera por pocos alcanzada; porque la creación existe, divina o no embriagada, adormece, aniquila; transmuta, madura y alimenta al espíritu cuando en la comunión sensitiva, en ti reposa la rescatada energía que el sanador proyecta.
“Por si te fueras...” es un recuerdo nostálgico de aquellos seres singulares de los que me nutrí: Por si te fueras... me afano en recoger tus escritos, tus pensamientos, tus poemas inéditos; quiero destruir lo impuro para potenciar lo digno, lo bello, lo trascendental.
Por si te fueras... riego el jardín de la nostalgia para que provoque a destiempo el nacimiento de la bella flor del pasado, que tanto nos enriqueció hasta el presente.
Por si te fueras... no quiero negro en mis atuendos, sólo blanco, como la blancura de los lienzos que, tantas veces, me viste violar.
Por si te fueras... saludo al silencio, que tantas jornadas acompañó a tu creación poética: lleno está de tus estrofas.
Por si te fueras... no eches en falta calles, avenidas, ni placetas a las que bautizar con tu nombre. No harán falta, para los que te queremos tenemos el mejor recuerdo: tus libros, ahí es donde inmortalizado quedó el canto de los gorriones que tanto acompañaron tu andadura terrenal.
Por si te fueras... descarta homenajes vacíos, absurdos, inoperantes, que sólo sirven de estímulo a los que lo organizan, y de aburrimiento a los que soportan la ponderación de las virtudes del que ya no escucha, porque oír no puede.
Por si te fueras... acuérdate de cerrar con llave todas las heridas que la vida y los humanos te hayan podido provoca, incluyendo las maledicencias de los que por profesión tienen tal tendencia.
Por si te fueras... acuérdate de cerrar con llave todas las heridas que la vida y los humanos te hayan podido provocar, incluyendo las maledicencias de los que por profesión tienen tal tendencia.
Por si te fueras... haz oídos sordos, no te alteres, disfruta de la paz que tu conciencia tan gratamente abona.
Por si te fueras... déjame la sabia palabra que amortigüe la amputación de mi ser, por tu partida.
Por si te fueras... el aroma del jazmín te acompañe, el de los narcisos te susurre y el azahar de tus compañeros, los naranjos, te proteja cual fiel mortaja.
Por si te fueras... recuérdanos, aquí quedamos; el cómo no importa, el porqué, tampoco; seguiremos, tarde o temprano, la estela que soléis dejar los limpios de corazón.
Por si te fueras... déjame un rincón de tu féretro, para enterrar contigo la parte que de mi alma, necrosada quede por tu partida.
Y por si no te fueras y pudieras dominar las bridas del desbocado caballo de la enfermedad, sepas y entiendas que fui y soy amado, como tú lo eres. Valió la pena nacer para llenar la alforja del mayor de los tesoros de los que soy poseedor: tu imborrable recuerdo y entrañable amistad.
19 de agosto de 2007
Roberto Mira Roberto Mira |