Hasta siempre, Miguel
Te fuiste una mañana gris, sin más, dejando un adiós amargo flotando en el aire, demasiado pesado y opresivo para soportarlo. La muerte es así de rastrera y miserable cuando te toca de cerca. Pero ahora no es momento de dolor y lamento, sino todo lo contrario, ahora debemos sonreír al recordar que gracias a ti somos mejores personas, y por todo esto queremos honrarte con este sincero mensaje.
A lo largo del camino que es la vida, esta nos regala, entre otras cosas, seres tan especiales e irrepetibles como tú. La nobleza, cercanía, afabilidad y sensibilidad que has mostrado con todos nosotros, ha dejado una huella imborrable que perdurará durante el resto de nuestras vidas. Cada palabra que pronunciaste, cada gesto que hiciste, cada mirada sincera, cada abrazo agradecido, cada silencio compartido ha sido grabado a fuego en nuestros corazones.
Algún día tu recuerdo aplacará la tormenta de lágrimas desbocadas que ahora fluye en nuestra alma.
Algún día la memoria nos regalará un instante tuyo, un rayo de luz que secará todas las lágrimas, pero hoy no es ese día.
Hoy queremos despedirnos de ti, Miguel; y a pesar de que un nudo en la garganta nos impide incluso pronunciar tu nombre, queremos gritar bien alto lo mucho que te queremos y apreciamos, lo orgullosos que estamos de haber compartido algunos momentos de nuestra vida contigo, que siempre vamos a recordarte con una sonrisa en los labios, y que, sin ápice de duda, te vamos a extrañar, demasiado.
HASTA SIEMPRE, MIGUEL.
Tus compañeros de trabajo |