In Memoriam
| | Remedios de los Ángeles Climent |
Hace dos años que te perdí, querida amiga María. Parece que fue ayer, sin embargo han transcurrido setecientos días con todas sus noches, madrugadas y acontecimientos tristes que nos da la vida. De vivir seguirías con tus penas y sinsabores por tu injusto lugar en la vida, pero sin duda disfrutarías momentos de felicidad al tener en tus brazos a tu nieta, acariciarla, mimarla… Naciste para ser esposa y madre, con todo el significado de estas dos hermosas palabras. La noticia de tu pérdida, dada por una de tus hijas, me hizo caer de bruces junto al auricular en el suelo de mi cocina. Maldije… maldije al maldito innombrable que desató la tragedia.
El caso fue que tú me lo anunciaste apenas treinta días antes.
¿Recuerdas?: Comíamos en un restauran, de aquí, de mi pueblo, al que tanto te gustaba visitar. Lo hacíamos siempre que podíamos, al menos una vez al mes. << ¿En tu casa o en la mía?>> me preguntabas. << ¡En la mía que hay mar!>> Te respondía. Y venías con tu utilitario a recogerme y nos disponíamos, entre cucharadas y sorbos a contarnos nuestro caminar en el día a día.
A menudo, recuerdo que yo tomaba demasiado la palabra y tú te limitabas a escucharme. Lo hacía para distraer tu desencanto de la vida. Sé, que me admirabas mucho y ello me complacía.
Eras la hermana que mi madre no me pudo dar -y no es porque no lo intentara; desgraciadamente abortó de cuatro meses, y era niña. Guardo un ligero mal recuerdo de aquella tragedia, ocurrida hace casi cinco décadas. -Siempre eché de menos una hermana… y cuanto la he necesitado a lo largo de mi vida. ¡Hasta que nos encontramos!... ¡ Y te vas, así… Porque tu lo dices! << Siento que me voy a morir, muy pronto>> No me di verdadera cuenta que, al salir por tu boca esas oscuras palabras, me cogías de la mano y unas lágrimas resbalaron por tus mejillas.
Han sido tantas las lágrimas que hemos derramado juntas, mi estimada María al compartir nuestras cosas. Tantos hijos criados, sinsabores vividos, alegrías, que por escasas también han desbordado nuestros lagrimales. Casi siempre por la sonrisa de nuestros hijos; el primer diente, el primer paso, la primera palabra… Nacimos en una época en la que aún nuestros progenitores hablaban de posguerra y de los coletazos de otra, que también los rozó. Nosotras también hemos batallado en otra lucha… ¿verdad María? como todas las mujeres educadas para ser dependientes del hombre -con todo respeto, porque siempre han existido excepciones, pero pocas -Hombres que no han sabido valorarnos… y, lo que se han perdido, porque nuestro mundo han sido ellos. Ahora, sin embargo, todo a cambiado, aunque siguen habiendo excepciones; ahora toma el mando la mujer. Ellos guisan para ellas, algunos hasta se cuadran… ¿te lo puedes imaginar, Maria? Y las llevan en bandeja de plata.
Quizás nos regalen otra vida, y volamos más preparadas… Pero tal y como andan las cosas quizás para entonces ya no existan hombres ¡sean todos maricones!__ excepciones habrán - ¡Pero cuántas mujeres para tan poco hombre! No, mejor que no, porque podría ocurrir que esos pocos se crean Emires, y nosotras su aren…y entonces todo volvería a ser igual.
María, no nos queda otra que estar agradecidas a la vida que nos ha tocado vivir y si hay que echar culpas a alguien echémonoslas a nosotras mismas por no haber sabido valorarnos y estar a la espera de que otros lo hagan por nosotras.
Tu vida estuvo nublada por el respeto y amor que le profesabas a tu compañero de viaje y romper ese vínculo, por tanta incompatibilidad y malos tratos, en vez de resurgir a lo que tu nueva vida te ofrecía, la noche te cubrió y un choque frontal, te segó la vida. (Demasiados fármacos para sobrevivir) A ti y al que venía por delante. ¡Y él, tu verdugo, sigue vivo! Y pasea insensiblemente, vestido de negro… ¡el muy cabrón! ¡maldito hipócrita! Indirectamente te hacía llegar mensajes vaticinando tu desaparición: << ojala te estrelles y así no tengo que pasarte los trescientos euros de pensión>> ¡Y vas y te estrellas! Así, de repente… y encima lo presientes, y me lo confías y yo no me doy cuenta de que me apretaste la mano al decirlo...y yo, para animarte, quedo contigo para comer de nuevo juntas.
Querida amiga-hermana, María… tenemos una comida pendiente… esta vez te dejo a ti elegir el lugar, pero, por favor, que sea tan azul como el mar de mi querido pueblo, al que tanto te gustaba venir. |