Sabuts de poble e ignorants
Efectivamente, se trata de un tipo de seres universal. El “sabut de poble” puede tener su ideología, pero, tal como va viviendo, aprende, se ajusta a lo real y sigue el avance del progreso al que prefiere unirse ayudando.
El “ignorante” se suele ganar el “mote” por no querer nada más que lo que le indica su egoísmo. Normalmente no desea conocer cuanto contradice su pensamiento.
La “pena gorda” de hace años tenía, como todo, dos partes. Desgraciadamente, estos seres, por lo general, son de una sola parte, nunca quieren conocer la otra parte de la moneda, esa la ignoran, no la quieren conocer.
El “sabut de poble” le llaman al individuo que no conoció más Universidad que la misma vivencia le enseñó. Es aquel al que las necesidades de la vida le obligó a luchar desde su infancia y que, en el transcurso de los años, ha ido amoldándose a las realidades del momento en que le ha tocado vivir. Hasta los chinos se han dado cuenta de esta verdad.
El mal llamado “ignorante” no es que desconozca la realidad, lo que no quiere es ver la otra parte de la moneda, tan sólo le interesa la suya. Prefiere, de esta forma, ignorar la verdad, maneja mejor la mentira, es lo suyo.
Las dos parte de la moneda son diferentes. Unos quieren estar al día, seguir el progreso y adaptarse a él. Los otros desean ignorar la realidad, quieren seguir anclados en el pasado caduco y cruel que tuvimos con ensayos liberales que nunca tuvieron éxito y terminaron con terribles dictaduras.
Siempre es bueno ver las dos caras de la moneda, pero, desgraciadamente, estos seres la olvidan. Así fueron algunos, así son y así continuarán.
Son seres muy particulares. Hablan de cosas, sin más, hasta se atreven a decir que en la Dictadura nos fue muy bien. ¡Caramba, que chasco! También ignoran los dos años en un batallón de trabajadores que algunos soportaron por considerarlos “rojillos” peligrosos. Se las trae. Se ofenden si alguien les llama “perversos” por intentar dividir la Nación. Se creen los más demócratas. La “ignorancia” es su práctica diaria. Lo saben, pero aparentan ignorar aquello que no les interesa. Se ofenden porque los otros, esos sabios de pueblo tan sólo sepan mal leer y escribir y sólo hayan ido a la Universidad de la misma vida y que, por ello, sus consejos sean producto de vivencias y, por tanto, honestas y creíbles.
Se ofenden cuando algún “sabio” se atreve a recordarles la prohibición en rotular en castellano los nombres de los comercios en Barcelona. Gritan si les llaman por ello dictadores. Lo saben, es verdad, pero desean ignorarlo.
También, como otros, les gusta insultar e incluso hablar del pasado, recordando aquellos “hilillos o filamentos de plastilina” de una catástrofe. No quieren hablar de la otra cara de la moneda, cuando, en menos de una año, se tomaron las medidas pertinentes y adecuadas para normalizar la situación e indemnizar a los afectados.
Igual les ocurre al bajo porcentaje de independientes catalanes.
Se olvidan “ignoran”. Hubo unos meses, bastantes, que el resto de demócratas españoles no dudó ni un momento en ayudarles en la defensa de Cataluña de la invasión franquista. Muchos dieron su sangre incluso la vida por ello. Estos seres abundan y así son y serán siempre: “Sabios Ignorantes”.
Juan Torregrosa Sogorb Juan Torregrosa Sogorb |