 La nueva generación de padres parecen decididos a no repetir con sus hijos las estrictas directrices de sus progenitores con el fin de abolir los abusos del pasado. Los nuevos padres pretender utilizar la compresión y permisividad como arma de persuasión frente a sus hijos pero esto es peligroso, sobre todo si no se tienen las ideas claras. Está actitud con inseguridad y debilidad se puede volver en contra y ser aprovechada por los hijos pudiendo ser la última generación de hijos regañados por sus padres y la primera de padres regañados por sus hijos. En la medida que el permisivismo o permisividad reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.
Hay que tener en cuenta que tan negativo es una dureza extrema que produzca en los hijos temor y rechazo hacia la figura paterna como la permisividad absoluta cuya debilidad de la figura paterna produzca miedo y menos precio al observar tanta inseguridad.
La mejor forma de actuar es hacer ver a nuestros hijos que estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capacitados en poner freno a sus deseos incontrolados, eso no producirá en ellos un efecto negativo sino al contrario, encontrarán en los padres una figura que les sirva de guía en sus vidas.
Si bien el estricto autoritarismo oprima, cansa y puede producir efectos contrarios, el permisivismo absoluto también ahoga y desconcierta. La solución es adoptar una actitud firme y respetuosa que permita a los menores confiar en la idoneidad para gobernar su vidas.
Permisividad en el consumo de alcohol.
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Muchos padres son conocedores del alto consumo de alcohol que realizan sus hijos, sin darle demasiada importancia. Un estudio en el que han participado 42 progenitores, de entre 20 y 55 años, de chicos y chicas de 12 a 17 años, residentes en zonas urbanas de seis comunidades autónomas, así lo ha revelado. El consumo de alcohol en nuestra sociedad está integrado en los hábitos sociales. Pese a ser visto con normalidad y permisividad, es un problema de primera magnitud que conlleva importantes consecuencias en la transmisión de pautas de ingesta y en el aprendizaje social de consumo, sobre todo entre los más jóvenes. Los padres tienden a normalizar el problema recurriendo, para normalizar la ingesta de alcohol de los hijos, a sus propias experiencias. Con respecto a las madres, los padres consideran que es parte del proceso de maduración de la adolescencia, mientras que las madres son más conscientes de los riesgos y ejercen mayor control. Aunque ambos coinciden en que el consumo de alcohol está extendido socialmente y entre los factores que promueven esta normalización social destacan la falta de autoridad, la indiferencia de los padres y los profesores, la ausencia de valores consolidados, el sentido cultural que se le da al alcohol en el ocio o la priorización de otros problemas de los adolescentes. |