 Recientes avances del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) certifican que abusar de este tipo de azúcar conduce a la obesidad. Los estudios refieren que la ingesta excesiva de refrescos azucarados, presentes en la dieta diaria de niños y adolescentes, deteriora el ajuste energético del organismo.
La fructosa, o levulosa, uno de los edulcorantes más utilizados en refrescos, es el azúcar de la fruta, un monosacárido cuyo consumo dietético ha estado ligado siempre a efectos beneficiosos porque su ingesta no aumentaba la producción de insulina, al contrario que la glucosa y otros carbohidratos. Sin embargo, los estudios científicos realizados por el CIBERobn han desmontado esta teoría al observar que la fructosa añadida a alimentos procesados (en forma de sucrosa y jarabe) puede resultar engordante, puesto que es capaz de deteriorar el sistema de compensación energética del organismo, dificultando la asimilación de calorías.
Los alimentos contienen dos variedades de azúcares, los monosacáridos (unidades básicas de azúcar como la fructosa y la glucosa) y los disacáridos (unión de dos monosacáridos, como la sucrosa, también conocida como azúcar blanco, el extraído de la caña de azúcar). A juicio de los científicos del CIBERobn, “pese a que ambos proporcionan la misma cantidad de calorías, el cuerpo las metaboliza de distinta manera, tendiendo, en el caso de la fructosa, a elevar los niveles de triglicéridos sanguíneos, un exceso de energía que el metabolismo es incapaz de quemar cuando se consume en grandes dosis”, señala el doctor Martínez Olmos.
La diferencia entre beber y comer calorías.
¿Es posible que beber refrescos engorde más que comer un pastel?
Según los resultados de estas investigaciones, la fructosa provocaría una alteración metabólica mayor cuando se utiliza en su versión líquida (como edulcorante presente en refrescos y zumos envasados) que en la sólida (productos de repostería, jarabe de maíz y fruta).
La fructosa que aparece concentrada en 2 litros de bebida refrescante azucarada equivaldría a la que contienen 20 litros de zumo de fruta natural, una cantidad, la de los refrescos, que no resulta tan descabellada de ingerir al día, cuando se trata de un alimento prácticamente imprescindible en la dieta de la sociedad actual.
A pesar de que las conclusiones no son directamente extrapolables a personas, sí abren el debate sobre la relación directa entre el consumo abusivo de refrescos, cada vez más común en la dieta de niños y adolescentes, y el incremento de obesidad en estas edades.
La clave: moderación y control en el etiquetado
Una vez más, los investigadores del CIBERobn insisten en la importancia del etiquetado nutricional riguroso cotejado científicamente que dé muestra en todo momento al consumidor de la proporción de edulcorantes que contienen los refrescos, contribuyendo de este modo a un control moderado y menos perjudicial de su consumo. |