 El sobrepeso y la obesidad, así como sus enfermedades no transmisibles asociadas, son en gran parte prevenibles. Para apoyar a las personas en el proceso de realizar elecciones, de modo que la opción más sencilla sea la más saludable en materia de alimentos y actividad física periódica, y en consecuencia prevenir la obesidad, son fundamentales unas comunidades y unos entornos favorables.
En el plano individual, las personas pueden:
• Limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total;
• Aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos;
• Limitar la ingesta de azúcares;
• Realizar una actividad física periódica, y
• Lograr un equilibrio energético y un peso normal.
La responsabilidad individual solamente puede tener pleno efecto cuando las personas tienen acceso a un modo de vida saludable.
Por consiguiente, en el plano social es importante:
• Dar apoyo a las personas en el cumplimiento de las recomendaciones mencionadas más arriba, mediante un compromiso político sostenido y la colaboración de las múltiples partes interesadas públicas y privadas, y
• Lograr que la actividad física periódica y los hábitos alimentarios más saludables sean económicamente asequibles y fácilmente accesibles para todos, en particular las personas más pobres.
La industria alimentaria puede desempeñar una función importante en la promoción de una alimentación saludable:
• Reduciendo el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos elaborados;
• Asegurando que todos los consumidores puedan acceder física y económicamente a unos alimentos sanos y nutritivos;
• Poner en práctica una comercialización responsable, y
• Asegurar la disponibilidad de alimentos sanos y apoyar la práctica de una actividad física periódica en el lugar de trabajo.
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