 Actualmente las parejas tienen menos hijos y se vuelcan más en ellos, se ponen más a su disposición, pero también les resulta más difícil situarse en el papel de padres y mantener su autoridad.
Cuando no se dispone del tiempo que desean dedicarle, en muchas ocasiones lo compensan dándoles materialmente más de lo que necesitan.
El resultado que obtenemos es que nuestros hijos se acostumbran a conseguir lo que quieren sin demasiado esfuerzo. Esta forma de actuar por parte de los adultos, evitándoles cualquier frustración, puede tener como resultado que nuestros hijos estén menos preparados para afrontar los problemas de este mundo, cada vez más competitivo. En muchas ocasiones cedemos ante las rabietas que nos “montan “ pues no sabemos controlarlas, esto produce en los padres sentimientos de impotencia, temor, angustia y estrés.
Acabando éstas cuando el niño consigue lo que quiere. Deberíamos pararnos a pensar que quizá en el fondo lo que necesitan es atraer nuestra atención, aunque sea cogiendo una pataleta.
El éxito en la educación de los hijos consiste en enseñarles a convivir con limitaciones, a enfrentarse a ellas e intentar superarlas pero sin evitarlas. Los niños necesitan un adulto de referencia que les enseñe a asumir normas y valores, alguien que les diga qué deben hacer, cómo tienen que hacerlo y qué no han de hacer. No debemos confundirnos en dar al niño todo lo que pide porque nos sintamos en el fondo algo culpables por no dedicarle el tiempo que quisiéramos. Es mejor saber utilizar con eficacia ese tiempo tan preciado que compartimos juntos.
Calidad no es igual a cantidad. Calidad es conocer a los amigos de nuestro hijo, saber cómo es en clase, con qué disfruta y qué no le gusta. Es conocer sus juegos preferidos, cómo se llaman sus amigos, que le enfada, ver con él sus programas favoritos,… en definitiva conocerle para guiarle.
Reflexionemos ahora que llega la Navidad, compartamos nuestro tiempo.
Demostremos esa buena voluntad no con muchos y costosos regalos y sí adornando juntos el árbol, visitando a los amigos y familiares, salgamos a ver las calles adornadas, llevémosle a dar la carta a los Reyes Magos, estemos atentos a lo que nos cuenta….
Si deseamos demostrar a nuestros seres queridos que les queremos, hagámoslo dándoles lo mejor de nosotros mismos “NUESTRO TIEMPO” aunque sea poco, pero que sea auténtico, que sea verdadero, que nos salga del corazón, éste con toda seguridad será el mejor regalo de Navidad que podáis hacer a vuestros hijos y seres queridos. |